viernes, 26 de marzo de 2010

30 de agosto

¿No te engañas a ti mismo? ¿Que significa esa frenética e ilimitada pasión?... No adoro a nadie más que a él; en mi imaginación no aparece ninguna imagen más que la suya y de cuanto me rodea solamente veo lo que guarda relación con él. Y esto me proporciona tantas horas de felicidad...
¡hasta que tengo que separarme nuevamente de él!¡adonde me arrastra con tanta frecuencia mi corazón! Cuando llevo sentada a su lado dos o tres horas y me he solazado con su figura, su modo de comportarse y la celestial expresión de sus palabras, y poco a poco van poniéndose en tensión todos mis sentidos, se me nublan los ojos, apenas puedo oír, tengo oprimida la garganta como si me estrangulasen, mi corazón con violentas palpitaciones busca el aire que le faltan a mis sentidos sofocados y solo consigue agrandar su turbación... ¡Muchas veces ignoro si estoy en este mundo! Y... si consigo otras dominar la melancolía y él me concede el misero consuelo de desahogar mi opresión regando con lagrimas su mano... tengo que irme de alli, salir fuera y vagar errante por los campos; ¡escalar la escarpada montaña seria entonces mi deleite, y abrirme un sendero por el bosque intransitable, por los matorrales que me acribillan y las espinas que me desgarran! ¡Entonces me siento mejor! ¡Algo mejor! si en la noche ,cuando la luna llena ilumina desde lo alto del cielo, me siento en un tronco tortuoso en el bosque solitario, para aliviar aunque solo sea un instante mis plantas sangrantes y me quedo dormido en una calma agotadora a los resplandores del crepúsculo. La solitaria morada de una celda, el áspero hábito y el cilicio serian bálsamo por el que suspira mi alma. No veo más final para esta desdicha que la tumba.


J.W.G.

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