En el fondo de tu espalda, justo nada mas pasar de largo tu cintura, habita mi perdición. Unas veces me concedes el deseo de perderme en ella, otras en cambio pierdo la cabeza por no tenerla cerca.
Tras el tercer botón de tu camisa guardas bajo llave mis caricias ( o eso espero). Por mucho que ya no enrede tu pelo en nuestras noches de paz y luego guerra... quiero pensar que mi hueco sigue atento al porvenir por si algún día decidimos volver a sufrir.
Sufrir la mas inmensa felicidad jamas pensada, jamas vivida.
Sufrir tus besos al aire, en las noches en vela, con la luna llena, aullando como una loba en celo a los pies de tu cama. Aullar tan alto que incluso en la noche fría de otro lugar (pongamos cinco cientos de km de aquí) sientas el eco de mi alma, gritar a los cuatro vientos, que esta noche no puedo. No sin ti. No de nuevo.
Otro día mas sin sentir tus labios de buenos días. Otro desayuno mas sin nada dulce que llevarme a la cama. Otras 24 horas mas sin saber porque la vida a veces se esfuerza tanto en hacerme perder.
Yo creía que era fuerte, que era fiel, que el tiempo pasaba rápido, que no me gustaba perder(te). Yo, que tan equivocada estaba, suspiro tras tu falda por si decides volver. Nada de esto tiene sentido... incluso la mentira ha dejado de rondar los jardines de mi casa porque ya no tengo nada que poder esconder. No puedo jugar a ser pequeño, a no vivir el día de hoy. A acampar en tu cama hasta mañana sin que eso signifique que he vuelto a quedarme dormida, y he vuelto, como no... a soñar con tu piel.
Contra mi piel, contra tus manos, contra la pared. Contra los prejuicios y el escándalo, contra el sexo sin amor, contra tu ropa desnuda sin ti en sus mangas.
Contracorriente, sin ganas de remar, sin saber nadar, sin saber vivir sin ti. Sin saber porque te fuiste lejos de aquí.
Solo espero olvidar el dolor, el miedo a no ser querido, el miedo de habitar mi cabeza con falsas ilusiones, dejarme llevar y acabar en cualquier motel pagando por champan y un poco de amor.
Amor del duro, del de aquí te pillo, aquí te mato. Amor del de "si quieres creo que luego tengo libre un hueco". Del de no quitarse la ropa, ni buscarla entre las sabanas mientras oigo tu risa. Amor del que ya viene desnudo, y del que no se viste para otro después.
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